• Lucía Oliverio

AMOR QUE DUELE

Actualizado: 16 de oct de 2019

Perderte es darme cuenta de que el amor puede ser ciego de verdad.

Es preguntarme dónde pongo todo esto que creció en casi tres meses.

Es reordenar hormonas mientras me abro un vino y me trago de un sorbo la amargura de jamás verte.

Es resignarme a no conocerte, tocarte ni admirar nuestra creación.

Es aflojarme toda en un sillón, envuelta en la manta que eran mis latidos para vos.

Es querer estar bien ya mismo, recuperar mis rutinas y volver al ruedo. Y a la vez buscarme espacios para llorar como una niña madre, mirar a tu papá y llorar de nuevo.

Es querer despedirte para siempre y a la vez nunca olvidarte, y avanzar apura un adiós que tampoco puedo dar.

Duele no tenerte, la idea que no fue, la ropa que no usé, la cuna que no armamos, la cara que no vi, el llanto que nunca sonó, las ganas que se truncaron, el deseo que no encuentra a dónde ir, los abuelos sin mirada, mi cuerpo flácido de un posparto ridículo, los 4 kilos de nada que arrastro como una estela de tristeza y me pesan por mil. Duele el proyecto deforme, el año desorganizado, la copa de vino llena que hoy no me da culpa agarrar, el casco de moto que vuelvo a usar, el ácido fólico que me mira abandonado en la mesa de luz y el ibupirac que vuelvo a comprar. Me dolés, bebito que sólo quiero amar.


Despedirme es soltarte.

Es dejar de buscarte un nombre, hijo mío.

Qué importa cómo te hubieras llamado.

Yo siempre te hubiera dicho “mi bebé”.













#divagandoenpluma

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