• Lucía Oliverio

AMANECER

Actualizado: 6 de jun de 2019

Lo mejor del día no se ve. Todo empieza antes de abrir los ojos.

La mano sobre tu espalda antecede al “buen día”.

El calor de la almohada que no quiero dejar ir tiene un poco la forma de tu hombro y la temperatura exacta de tu cuello y el borde justo de tu omóplato.

La temperatura perfecta que me deja la mitad de la sábana que me estás robando.

Ojos cerrados porque no sirven. Todo lo que marca el principio de mi día se oye, se huele y se palpa. Ver no suma.


Mi pie busca el tuyo para dar el primer paso hacia el afuera.

Fuera de la cama tibia que nos abraza. La cama en la que funciono como en casa.

Tu brazo derecho me envuelve y yo te acaricio el pelo al revés.

Cada dedo dibuja una letra, la letra del buen día que leeremos con café.

Si superamos el despertar.


Mi pie encuentra el tuyo y lo golpea un poquito, apenas.

“Levantate” digo con el empeine, antes del gruñido de cada día que sé que vendrá después.

Y mientras las piernas se activan y mueven lo que se puede, el codo se estira, se completa el abrazo. Y si pensaba salir, me quedo más.

Salir costará.

Qué lindo amanecer cuando no quiero arrancar el día.

#divagandoenpluma


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