• Lucía Oliverio

PERDÓN

Perdón si entro a esta casa de letras y arte y no estoy al nivel de tanta enormidad. Perdón si no amé autores al nacer ni crecí repitiendo sus nombres, recitando sus obras, respirando sus miedos y conociendo sus porqués. Y si en cada tapa de libro, tinta de serigrafía o borde de mapa no están mi conciencia o mi gratitud por reconocerte hoy, por volver a visitarte.


Piedad, por favor, si sólo acumulo mis propias sílabas sin el sentido de los grandes ni la humildad de principiantes. Ni el sueño de noveles o la fuerza de turistas.


Te toco, pared de hormigón, y quiero habitarte y leerte e intentar narrarte. Respirar tus años de historias. Y grito este pedido sin gritar, ocultando mis ganas de percibirte vieja en todos y nueva en mí.


Quiero volver a embriagarme en la entrada con la sola idea de estar volviendo y volviendo. Todo lo escrito siempre no alcanza y me quiero acomodar enteras las ganas y la fuerza y las prioridades así escribir y escribirle al mundo siempre pesa más. Así la importancia de escribir pesa tanto como cada columna de hormigón y ordena todo como las estructuras de esta casa. Quiero que cada cosa que escriba y deje se destaque como este bloque gris que gobierna una barranca, y crece entre bosques y da gris al verde y aire a la ciudad.


Perdón si no terminé de irme y ya no aguanto la idea de dejarte. Perdón si temo volver.




#divagandoenpluma


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