• Lucía Oliverio

UNA ESPALDA

Actualizado: 6 de jun de 2019


Es curioso. No combina pero tiene sentido. El borde de la remera es de encaje barato lila y negro, se sale de toda lógica. No es opaco. Brilla como el sol y casi que contrasta con la chaqueta que quiere ser de cuero. Sus flecos llevan años enredados en una curva de mil soles, noches, tardes de verano y vientos de costado que los dejaron sin orden ni ritmo. Hablás y la cadencia de tu pañuelo tiene la melodía exacta de tu voz: un canto latino que mueve tus labios seguro, intuyo, porque lo que veo es tu nuca, porque hablás de espaldas.


Y la curva de tela azul que rodea tu cuello llega al hombro y se mueve con énfasis de tono poético. Decís con mucha fuerza algo que no entiendo. Y el pañuelo baila como activado por vocales. Es un trozo de tela que sólo cubre un costado de tu figura y cae espontáneo. Pero resuelve el conjunto en un ensamble que parece diseñado. Todo combina, se integra, se equilibra.


Sólo veo tu espalda, no me gusta tu ropa, nunca elegiría este look. Pero te pega tanto. Tu voz y tu nuca completan el ensamble 360º de lo que verdaderamente hace a un ser humano, aunque sólo vea una porción. Y yo que hoy me siento desnuda, sin gracia y sin canto propio, viajo en el asiento de atrás y sin conocerte, quiero ser un poco como esa espalda que veo. Y quiero ser para alguien un pañuelo que baile, una voz que acaricie y unos colores que vibren.

#divagandoenpluma

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